Historia de la Renovación Carismática

El cristianismo pentecostal cumple 100 años, con un imparable crecimiento mundial

Unos 500 millones de cristianos pentecostales y carismáticos -católicos incluí­dos- remontan sus raí­ces al avivamiento de Azusa Street en 1906.

 El cristianismo carismático o pentecostal es hoy la variante de cristianismo que más crece en todo el mundo, especialmente en Sudamérica, África y paí­ses asiáticos. Se considera que hay entre 500 y 600 millones de cristianos carismáticos o pentecostales, de los cuales entre 50 y 80 millones serí­an carismáticos católicos, numerosos sobre todo en EEUU, Sudamérica, Caribe, India y África, pero con fuerte presencia también en Francia o Italia. 

El pentecostalismo y su oración emotiva e intensa se extendió primero entre la población negra de EEUU
 

La última semana de abril el pentecostalismo protestante ha estado celebrando el aniversario del movimiento pentecostal que se extendió desde una destartalada iglesia de la calle Azusa de Los Ángeles en 1906. Junto con docenas de congregaciones pentecostales y carismáticas católicas, estaba Charles Whitehead, veterano lí­der de la Renovací­ón Carismática Católica, y miembro del gabinete organizador del evento. Decenas de miles de carismáticos y pentecostales de todo el mundo han pasado por las intensas oraciones, conciertos, seminarios y talleres de Los Ángeles.

 

La historia de Azusa Street

 

En 1905, un pequeño grupo de creyentes afro-americanos esperaban una manifestación fuerte de santidad y del Espí­ritu Santo. Expulsados de su iglesia bautista, contrataron como pastor a William Joseph Seymour, un predicador pobre, tuerto, hijo de esclavos. De bebé en Lousiana fue bautizado católico, hecho que las crónicas protestantes no siempre reseñan. Fue educado como baptista, se afilió al movimiento de holiness (santidad) del que saldrí­an muchos pentecostales, y en 1905 acababa de descubrir la doctrina del "bautismo en el Espí­ritu Santo" en un curso bí­blico del pastor metodista Charles Parham.

 
William Seymour fue el catalizador
del avivamiento en Azusa Street de 1906 a 1909
 Seymour predicó en Los Ángeles la necesidad de ser santo, como muchos otros. Pero añadí­a la necesidad de recibir el poder de Dios para evangelizar y hacer milagros, el "bautismo en el Espí­ritu Santo", distinto e independiente del bautizo en agua. Este poder se obtendrí­a entregándose a Dios, pidiendo ser bautizado en el Espí­ritu; a menudo, se obtendrí­a si otros hermanos rezan imponiendo las manos sobre quien lo pidiese. Y la prueba de que se ha recibido el Espí­ritu Santo serí­a que el cristiano así­ renacido (o nacido de lo alto) hablarí­a en lenguas.

Los feligreses de Seymour en Los Ángeles recibieron a partir de abril de 1906 el don de orar y hablar en lenguas; muchos pensaban que hablaban lenguas extranjeras por gracia divina, para poder ir a evangelizar a paí­ses lejanos, y se publicaron  testimonios de extranjeros (judí­os, indios) que oí­an a pentecostales negros o blancos hablar en sus idiomas.

 

Azusa Street, 321, Los Ángeles, en 1906 

Las reuniones en la casa de unos feligreses pasaron a un deteriorado edificio vacante en el número 321 de la Calle Azusa. Con serrí­n en el suelo, paja en el altar y dos cajas de madera como púlpito, se celebraban servicios de oración continuos (24 horas al dí­a, siete dí­as a la semana), y vení­an miles de personas de todo EEUU y del extranjero. Para una época rudimentaria en medios de transporte y de comunicación resulta asombrosa la difusión que se alcanzó. Un diario con testimonios y milagros titulado Apostolic Faith, dirigido por Seymour, ayudó: en septiembre de 1906 editaba 5.000 copias; en 1907 era 40.000. 

Durante tres años se mantuvo el ritmo. Cabí­an unas 300 personas en el local, pero a menudo eran más de mil. Para asombro del mundo, blancos y negros rezaban juntos. Se cantaba, se bailaba, se gritaba, se lloraba. Hombres fornidos de todas las razas caí­an al suelo llorando, abrazándose, rezaban unos por otros, se pedí­an perdón mutuamente y a Dios. Unos rezaban en lenguas, otros anunciaban mensajes divinos, profecí­as. El fervor sincero y las conversiones auténticas se mezclaban a veces con estafadores o aprovechados.

 

Unos niños rezan en un servicio pentecostal; el arrepentimiento y necesidad de conversión se expresan mediante canciones, oraciones y sentimientos 
 
 

Antes de terminar 1906 ya se habí­an formado otros grupos e iglesias independientes de oración pentecostal. Algunas eran de base étnica, como la Misión de la Fe Apostólica en español, para creyentes hispanos, o la Misión Pentecostal Italiana, pensando en inmigrantes recién llegados. Otras eran fundadas por predicadores con empuje y personalidad. Los negros, los inmigrantes nuevos, los más pobres, y muchos buscadores de santidad y poder de Dios se apuntaban a estas iglesias. Nací­an las iglesias pentecostales, sin liderazgo común, y a menudo con diferentes doctrinas, pero centradas en el poder del Espí­ritu Santo y la Biblia.

 

Los carismáticos protestantes y los católicos

Durante años, alguien que experimentaba el "bautismo en el Espí­ritu" y necesitaba orar en lenguas, bailar, alabar a voz en grito, profetizar, etc... difí­cilmente tení­a cabida en las denominaciones protestantes tradicionales (baptistas, metodistas, presbiterianos, anglicanos).

Las cosas cambiaron hacia 1960. Se calcula que habí­a entonces unos 10 millones de pentecostales y empezaba a haber protestantes que rezaban y viví­an "a la manera pentecostal". En 1958 los episcopalianos aprobaron su rama pentecostal. Los luteranos y los presbiterianos en 1962. Era posible vivir la espiritualidad pentecostal con todas sus exhuberantes manifestaciones sin dejar de ser episcopaliano o luterano. A estos cristianos se les llamó "carismáticos", en este caso "protestantes carismáticos" y fue la segunda gran oleada pentecostal.

 

 Para carismáticos y pentecostales, imponer las manos es una forma de expresar la oración por el hermano y presentarlo ante Dios (si Dios responde, la acción es Suya; no hay poder especial en las manos o el intercesor)
 

La tercera gran oleada del pentecostalismo fue la Renovación Carismática Católica, cuyo momento fundacional se considera que es el fin de semana del 17 al 19 de febrero de 1967, cuando una veintena de estudiantes católicos de la Universidad de Duquesne, en un retiro cerca de Pittsburgh (EEUU) rezaron para pedir el bautismo en el Espí­ritu. Y lo recibieron. Muchos empezaron a orar en lenguas. Otros no podí­an dejar de alabar a Dios o sentí­an un gran gozo que les llevaba a bailar y rezar sin cesar. Algunos cayeron como fulminados ante el Sagrario de la capilla, en un sentimiento de adoración abrumador. Y no podí­an dejar de contárselo a todos aquellos que encontraban.

Fue un fuego que saltó por las universidades y no sólo católicas (la estatal de Michigan, la de Notre Dame en Indiana), a menudo a través de redes que ya existí­an, como los Cursillos de Cristiandad que se impartí­an con éxito en EEUU. En 1969 se celebró un encuentro con 500 representantes de grupos católicos de oración carismática, que nací­an espontáneamente, como setas, sin planificación ni organización centralizada. En 1970 habí­a 200 grupos en EEUU; en 1972 se contaban 12.000 carismáticos católicos en el paí­s. En 1973 se hablaba de 1.200 grupos y 200.000 carismáticos. La chispa saltó de EEUU a Francia, a América Latina. De México y Colombia, a través de un matrimonio misionero laico llegó a Barcelona en 1973, y enseguida a Madrid.

 

No todo es lo mismo

Los carismáticos católicos, los carismáticos protestantes y los pentecostales tienden hoy a llevarse bien. CHARISMA MAGAZINE, revista de carismáticos protestantes con 650.000 lectores en EEUU, dedicó toda una portada a la muerte de Juan Pablo II en tonos laudatorios. Ralph Martin, uno de los iniciadores de la Renovación Católica, escribió en CHARISMA artí­culos explicando la vertiente carismática de Juan Pablo II, que siempre apoyó la Renovación Católica. 

Con una fuerte base bí­blica, los carismáticos tienden a ser pro-vida, pro-familia y teológicamente conservadores. Por su origen humilde y multirracial, han sido factor de cohesión étnica y de superación del racismo en diversos paí­ses. Creen en el poder de la oración, en la fuerza de la Palabra de Dios, en la posibilidad cotidiana de milagros, curaciones, mensajes de Dios mediante palabras y profecí­as. Al creer en milagros y ver abundantes conversiones, creen que es posible transformar la sociedad. En EEUU muchos se vuelcan en el trabajo social y polí­tico, algo menos común en Europa. Católicos y protestantes ponen mucho énfasis en la música y el baile como formas de vehicular la palabra de Dios, la adoración y la alabanza.

El pentecostalismo protestante tiene sus puntos débiles: tendencia a la división y fragmentación, riesgo de caer en el fraude (la gente busca milagros y los donativos son abundantes), misticismo inmaduro, centrarse más en los milagros que en Dios, peligro de caer en lí­deres sectarios y autoritarios... Son posibilidades que se dan en ocasiones. Estos peligros también están presentes en la variante católica, pero los carismáticos católicos los minimizan porque se sujetan al pastoreo de lí­deres laicos, de los párrocos, los obispos y el Papa.

Nada impide a un religioso ser miembro de tal o cual congregación y tener una espiritualidad carismática. Así­, el padre Rainiero Cantalamessa, predicador del Papa desde hace muchos años, se declara carismático y capuchino, asegurando que la Renovación ha potenciado su espiritualidad franciscana.

Los carismáticos católicos tienen instituciones de coordinación mundial con muchos años de experiencia que evitan los excesos. Así­, se combina la misa, la adoración eucarí­stica, Marí­a y los santos, y la enseñanza del Magisterio, con los dones carismáticos, milagros, sanaciones, oración en lenguas y alabanza espontánea y ruidosa.

Como siempre en la historia de las religiones, cuando algo tiene éxito, le salen imitadores "de gama baja". Hay grupos pentecostales que están "en el lí­mite": con una teologí­a más o menos ortodoxa (dentro de los lí­mites "Sola Fide, Sola Scriptura" del protestantismo), ofrecen prosperidad exagerada a quien se entregue al Espí­ritu Santo. Esta teologí­a de la prosperidad se convierte en fraude puro y duro en casos como la secta "Pare de Sufrir", que los pentecostales verdaderos rechazan y no reconocen, especializada en cobrar grandes donativos a cambio de supuestas sanaciones, presionar psicológicamente para conseguir más ingresos y vender todo tipo de cachivaches supuestamente curadores. El hecho de que canten, alaben e impongan manos como los carismáticos hace que algunas personas los confundan.


Teologí­a carismática católica

Muchos pentecostales, además de doctrinas comunes protestantes como "Sola Scriptura" y "Sola Fide", dicen que sólo tiene el Espí­ritu Santo quien ora en lenguas. Para la doctrina católica esto es inadmisible: tiene el Espí­ritu Santo todo aquel que haya sido válidamente bautizado en nombre del Padre, del Hijo y del Espí­ritu Santo. Otra cosa distinta, dicen los carismáticos católicos, es que los dones del Espí­ritu estén adormecidos por falta de fe, ansia y práctica, y necesiten un "derramamiento o efusión" para manifestarse. Por eso, cuando los protestantes hablan de "bautizo en el Espí­ritu" los católicos prefieren decir "efusión del Espí­ritu".

En el mundo católico se suele rezar por esta efusión después de un cursillo de 7 sesiones semanales, bastante parecido a los de Cursillos de Cristiandad o a las catequesis iniciales del Camino Neocatecumenal (kerygma, el Amor de Dios, Jesús Señor y Salvador), aunque con hincapié en el Espí­ritu Santo, sus dones y carismas.

Para los católicos, como para muchos carismáticos protestantes, la oración en lenguas rara vez es xenoglosia (hablar milagrosamente lenguas extranjeras que no se han aprendido) sino que casi siempre se trata de oración de glosolalia (emitir sonidos articulados, bien pronunciados, con fervor, reverencia, voluntad de oración, que San Pablo llama "orar en lenguas" o "gemidos inefables"). Se consideran un don de Dios, no algo forzado o provocado. Sirve para hacer oración verbal no intelectual, no es imprescindible tener el don para ser carismático católico, no expresa mayor santidad o espiritualidad, pero quienes rezan en lenguas declaran que les ayuda mucho en su vida de oración y les da mayor libertad y cercaní­a a Dios.

En cuanto a la emotividad, lloros, temblores y otras manifestaciones, el carismatismo católico los observa como algo natural del ser humano, ya que Dios también actúa sobre la emotividad de los hombres, y éstos también deben ofrecer su emotividad a Dios como le ofrecen su intelecto, su espiritualidad o su vida familiar, económica, laboral y solidaria. Con todo, se tiende a evitar exageraciones, aunque las emociones no se muestran igual en, digamos, la frí­a Inglaterra que en Ecuador, India o Mozambique, mucho más abiertos a la expresión de los sentimientos.

 

La versión católica de la historia

Los católicos consideran que la espiritualidad de Pentecostés, dones y carismas, ya la tení­an los primeros cristianos, como se lee en las cartas de San Pablo y Hechos de los Apóstoles, y también la mantuvieron los Padres de la Iglesia como San Ireneo o Ignacio de Antioquí­a. Los excesos de las sectas montanistas y el establecimiento del cristianismo como religión del Imperio llevaron a la Iglesia a limitar el ejercicio de estos dones hasta que casi se extinguieron.

La noche del 31 de diciembre de 1900, por sugerencia de la beata Elena Guerra (maestra de Santa Gema Galgani), el papa León XIII  invitó a los católicos a una oración en la Basí­lica de San Pedro, centrada en cantar el Himno al Espí­ritu Santo a las doce de la noche, el Veni Creator Spiritus, consagrando el nuevo siglo al Espí­ritu Santo. Esa noche, en Topeka (Kansas), los estudiantes de Biblia del reverendo Parham descubrí­an la combinación de imponer manos, efusión del Espí­ritu y oración en lenguas.

Juan XXIII -que beatificó a Elena Guerra, la primera persona que él beatificó- convocó el Concilio Vaticano II pidiendo al Espí­ritu Santo: "renueva en nuestro tiempo los prodigios como en un Nuevo Pentecostés". Para los carismáticos católicos, la Renovación Carismática con su increí­ble crecimiento y la oleada de nuevos movimientos y comunidades que han nacido o crecido con vigor en el post-concilio son parte de la respuesta, de este "nuevo pentecostés".

fuente: http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=5639

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