Queridos Amigos:
Se está estudiando una ley prohibiendo y sancionando todo acoso sexual a las mujeres, incluyendo como acoso los piropos en tanto y cuando la chica se sienta ofendida y acosada.
¡Pero hay piropos y piropos! No creo que una mujer se sienta acosada sexualmente cuando un caballero le diga algo como canta una canción andaluza: “¡Ay mi Rocío, manojito de claveles, jardincito florecío!”.
En cambio, hay que reconocerlo, hay piropos que no merecen el nombre de piropos porque son realmente majaderías insultantes totalmente reprobables.
Y sin embargo existen otra clase de acosos sexuales que no se mencionan: los que hacen las mujeres con su modo de “vestirse” que en realidad es una manera de mostrar a los hombres todos su encantos y redondeces. Muy su gusto y muy su libertad, pero es una invitación no a un piropo ni limpio ni majadero: es una provocación a la lujuria, a la tentación (viene de tentar, no lo olvidemos) y el hombre se siente alebrestado y acosado cuando las hormonas se le ponen de punta y hacen corto circuito.
¿Por qué las deportistas usan los pantaloncitos tan apretados? ¿Por qué en la tele, en anuncios, en lo que sea, las mujeres son tan provocativas? ¿Por qué en el voleibol playero usan bikinis o tangas? Que no me cuenten: el hombre se olvida del balón por contemplar y desear las pelotas malamente cubiertas o malévolamente descubiertas. ¡Es un acoso descarado!
Los pantalones ajustadísimos, las playeras cortas dejando el ombligo de fuera, (¡ay los ombligos femeninos! ¡Y todavía los adornan con fierritos o joyitas!), los escotes tan ostentosos que si estornudan se ponen en grave peligro de dejar caer plenamente lo que traen malamente cubierto, para delicia del mirón…
¡Oigan, no se vale! Tenemos que proponer una ley en contra del acoso sexual de las mujeres impúdicas que nos traen de cabeza. ¡Y luego se quejan!
Créanme: los hombres no somos tan malos. Somos simplemente orangutanes que respondemos fácilmente a las provocaciones de las bellas, como King Kong se enamoró de aquella frágil actricita. (¡Qué película tan estúpida, pero en fin!)




