San Pedro, San Pablo y Benedicto XVI

Jesús propuso una encuesta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? - Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? - Simón Pedro contestó: "Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Jesús le hizo una promesa formal: "Dichoso, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre, que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro". En ese momento, Pedro sintió la mirada fija del Señor, pues toda vocación implica una mirada fija del Señor, de invitación, predilección, y de gracia. Pedro es el primero a quien Jesús ha llamado.

LA PSICOLOGÍA DE PEDRO

El temperamento de Pedro era rudo, impetuoso y espontáneo, lo que hoy consideraríamos sanguíneo y colérico. Lo podemos comprobar tanto cuando contempla la pesca milagrosa, como cuando Jesús se dispone a lavarle los pies en la última Cena, o cuando defiende a Jesús en el huerto con la espada. Y se manifiesta pensador y creativo, cuando le propone a Jesús construir tres chozas en el monte de la Transfiguración, donde se encontraba a gusto. A Pedro y a sus sucesores les concede Jesús una misión única en la Iglesia. Como ésta es presentada bajo la imagen de un edificio o construcción, necesita cimiento, roca visible, aunque el fundamento invisible es Cristo resucitado. Si el fundamento invisible es Cristo resucitado, el visible es la cátedra de Pedro. Estos cimientos son la garantía de la indefectibilidad de la Iglesia en el tiempo y en las tormentas que tiene que superar su barca,

SUPREMA HUMILDAD DE PABLO

Una característica singular de Pablo es que se complace en sus debilidades, ”porque cuanto más débil soy, soy más fuerte”. Está convencido de que su fuerza tiene las raíces en la flaqueza. No era elocuente, ni tenía presencia retadora, era débil en las persecuciones, lleno de mansedumbre en el gobierno de las almas, y predicaba verdades repugnantes a contracorriente a los no creyentes y también a los creyentes. Pero estaba convencido de su fuerza venía de Dios y que con sus sufrimientos suplía lo que faltaba a la pasión de Cristo. Y por encima de todo, estaba colmado de amor. Padeció torturas espirituales, defección de sus evangelizados, persecuciones, abandonos, soledad. Y a pesar de todo, está alegre, aunque triste, pero enriqueciendo a muchos y a los Filipenses les recomienda la alegría cuando está en la cárcel. El poeta Ovidio, desterrado escribió sus obras tituladas Tristia, y paradójicamente Pablo escribe el Gaudete, iterum dico, gaudete, encarcelado. La razón está en que las páginas brotan de manantiales diferentes. Pablo era hombre de oración, de acción de gracias y de peticiones y esperanzas, sabía que sembraba con lágrimas pero esperaba la cosecha entre cantares y como ha escrito Bergson, la alegría anuncia siempre la vida que ha triunfado.

EL PODER DE LAS LLAVES

Las llaves son el símbolo del poder de permitir y prohibir, lo que significa el gobierno de la Iglesia como sociedad. Pero, como en el mundo el poder corrompe, Jesús quiere que "el mayor entre vosotros sea el último de todos y el servidor de todos". Poder ejercido desde el amor: por eso Cristo pregunta a Pedro: "¿Me amas más que éstos, Esta es la segunda vocación de Pedro, que tuvo que pasar por lo más amargo de su vida, experimentar visible y públicamente, su debilidad: negó tres veces a su Maestro, por quien lo había dejado todo. El amor lo purifica todo. El que había de ser pastor de pecadores, es necesario que experimente la prueba humillante de ser él mismo pecador. Cómo habría, si no, podido comprender las experiencias de una comunidad de pecadores, La Iglesia es un pueblo de pecadores y de santos, Nadie es más humilde que el que se sabe pecador perdonado. De no ser que sea un cínico. Sólo entonces, después de la Resurrección, el que había recibido la promesa de que la Iglesia sería construida sobre su Piedra, es confirmado en su misión de apacentar el rebaño. Los dones de Dios son inmutables y en él no hay ni venganza ni revancha, porque sabe que somos de barro, que, si hay humildad, él puede moldear y restablecer, recrear. Pedro negó a Jesús, y lo negó precisamente por creerse totalmente confirmado cuando todavía estaba sujeto a pecado.

EL SUCESOR DE PEDRO

Hoy es el Papa, sucesor de Pedro, quien tiene la misión de guiar la Iglesia de Cristo, su rebaño. Es el sucesor de Pedro, quien lleva el palio, metáfora de Cristo cargado con las ovejas que redime. Este episodio evangélico tiene que llevarnos a renovar nuestra fidelidad al Papa sucesor de Pedro y a los obispos, y a pensar que a ejemplo de Pedro, el Señor nos pide saber amar. Sólo podremos ser apóstoles del Señor, si sabemos amar. El amor y la humildad, son las dos virtudes que debemos aprender de Pedro y tratar de vivir. Sólo cuando vivimos éstas virtudes seremos capaces de cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado a cada uno.

BENEDICTO XVI, OBISPO DE ROMA

El Papa Benedicto XVI al tomar posesión de su cátedra como obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán, Madre de todas las Iglesia, su Catedral, afirmó en la homilía que el obispo de Roma se sienta en su cátedra para dar testimonio de Cristo, que es el símbolo de la «potestas docendi», potestad de enseñanza que constituye una parte esencial del mandato de atar y desatar conferido por el Señor a Pedro y, después de él, a los Doce. En la Iglesia, la Sagrada Escritura, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el ministerio de la interpretación auténtica, conferido a los apóstoles, se pertenecen mutuamente de manera indisoluble.

LA EUCARISTIA

Gracias a la Eucaristía, los santos han vivido, llevando el amor de Dios al mundo de formas y maneras siempre nuevas. ¡Gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo! La Iglesia no es más que esa red -la comunidad eucarística- en la que todos nosotros, al recibir al mismo Señor, nos convertimos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo. Presidir en la doctrina y presidir en el amor, al final, tienen que ser una sola cosa: toda la doctrina de la Iglesia, lleva al amor. Y la Eucaristía, como amor presente de Jesucristo, es el criterio de toda doctrina. Del amor dependen toda la ley y los profetas, dice el Señor. El amor es el cumplimiento de la ley, escribe san Pablo a los romanos.

SUFRIMIENTOS DE PABLO

Hay que haber comenzado alguna empresa, alguna obra, para poder barruntar las dificultades de todo género que se les presentaron y que tuvieron que superar aquellos débiles hombres escogidos: hospedaje, fieles, trabajo, amistades, poder sobrevivir, abrirse camino. Nosotros nos lo encontramos todo hecho, ellos tuvieron que empezar de cero y con un mensaje impopular e innovador. Llegados a Roma, Pedro y Pablo fueron encarcelados en la Cárcel Mamertina, y sacrificados bajo Nerón: Pedro crucificado, acusado del incendio de Roma, que el mismo emperador había provocado; Pablo, como ciudadano romano, decapitado con espada: Así lo escribe vísperas de su inmolación: "Yo estoy a punto de ser sacrificado". Los sepulcros de los dos están en Roma como cimiento de la Iglesia. Por contraste, las ruinas de la Domus aurea de Nerón, apenas reciben algún turista curioso, pero las Basílicas de Pedro y Pablo son visitadas constante y continuamente por creyentes y no creyentes todos los días del año. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

EL MINISTERIO DEL PAPA

El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Por el contrario, el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. El Papa no debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse y vincular a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante los intentos de adaptarse y aguarse, así como ante todo oportunismo. Lo hizo el Papa Juan Pablo II, cuando ante todos los intentos, aparentemente benévolos, ante las erradas interpretaciones de la libertad, subrayó de manera inequívoca la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. La libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce el ser humano a la esclavitud. El Papa es consciente de estar ligado a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes desarrolladas a través de la peregrinación de la Iglesia. Su poder no está por encima, sino que está al servicio de la Palabra de Dios, y sobre él pesa la responsabilidad de hacer que esta Palabra siga haciéndose presente en su grandeza y resonando en su pureza, de manera que no se haga añicos con los continuos cambios de las modas.

Fuente: Catholic.net

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