Navidad y Promesa
El aspecto más típico de la época moderna consiste en la absurda tentativa de querer reconstruir un orden temporal sólido y fecund
El aspecto más típico de la época moderna consiste en la absurda tentativa de querer reconstruir un orden temporal sólido y fecundo prescindiendo de Dios, único fundamento en que puede sostenerse. Sin embargo, la experiencia cotidiana, en muchas ocasiones en medio de los sucesos más amargos y aún a veces entre formas sangrientas, sigue atestiguando lo que afirma el Libro inspirado: "Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los que la edifican".
Los males que nos quejan son consecuencia inmediata de la corrupción en que cayó la sociedad moderna y de las leyes materialistas que destruyendo la familia y abandonando la formación moral y social de la juventud, la han entregado indefensa a la descomposición y la desintegración.
"Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz" cantaban los ángeles la feliz noche del nacimiento del Señor en Belén. Si la sociedad humana, en muchos de sus niveles, esta privada del don de la Paz, es porque domina en ella la esclavitud del pecado. La paz se aleja más y más de nosotros porque nosotros nos hemos alejado de Dios.
No debe de reducirse al hombre a la esfera de sus necesidades meramente materiales. No puede ni debe medirse el progreso sólo en categorías económicas. No existiría un mundo mejor, y un orden mejor de la vida social, si antes no se da preferencia a los valores del espíritu humano. Ni la técnica, ni la cultura, ni la comunicación entre los pueblos, ni el confort son suficientes para que los pueblos sean mejores. "Volver a los principios cristianos de los pueblos es una necesidad que, día a día, se ha hecho más evidente" (León XIII)
No hay humanismo sin Dios, no hay plena honradez sin gracia, no hay hombre verdadero, realizado, sin la aspiración de seguir a Jesucristo, Redentor y Rey de todos los hombres.
El nacimiento de Cristo debe ser nuestro renacimiento espiritual y cristiano. Dejemos que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma y así seremos mejores y así será el mundo también un poco mejor.
Es necesario comenzar de nuevo. Una y otra vez. La Navidad, alegre y profunda, nos infunde la esperanza y nos enseña el camino. En Cristo, con Cristo, es siempre posible volver a empezar y reemprender la construcción de nuestra vida personal, de nuestra vida familiar, de nuestra vida social y civil. Jesús, Dios y Hombre, viene a la tierra para reconciliarnos con Dios.
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